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Arquitectura | Novedades

Los concursos a debate

29.04.2010 2010-04-29 23:00:00

La arquitecta Maite Apezteguía Elso abre el debate sobre los concursos de arquitectura.

Foto: Diario de Navarra


El artículo de la imagen, publicado en prensa el 23 de abril y expuesto a continuación, puede encontrarse en el site de el Diario de Navarra.

APROVECHAR LAS IDEAS
por Maite Apezteguía Eslo

La autora reclama que los trabajos presentados a concursos por los arquitectos puedan ser conocidos por la ciudadanía pese a no resultar ganadores.

Nadie duda, a estas alturas de la crisis, de que estamos ante un cambio histórico. Sabemos de dónde venimos, conocemos lo que dejamos atrás, pero todavía desconocemos el futuro. Sin embargo, empezamos ya a apinar nuevas actitudes. Actitudes que, sin duda, exigirán más convicciones éticas que intereses económicos, más honestidad que vanidad, más profesionalidad que “fuegos de artificio”.

Ser arquitecto no es una profesión fácil. En nuestro trabajo nos enfrentamos a una sucesión compleja y extensa de problemas. Resolvemos, además de las cuestiones propiamente disciplinares de la creación y organización del espacio y de la formalización del objeto arquitectónico en su entorno, todas aquellas otras necesarias para su construcción en una realidad política y económica concreta. Por eso, no podemos ni queremos desvincularnos de nuestra memoria, pero tampoco de nuestro tiempo; de los principios estables pero tampoco de las nuevas tendencias; de las formas y modos tradicionales pero tampoco de los avances tecnológicos del momento.

Hoy nos enfrentamos a una crisis estructural de nuestra sociedad y, consecuentemente, de nuestra profesión, en la que no sobrevivirán los más fuertes e inteligentes sino los que sepan adaptarse a los cambios, es decir, los que sepan retomar los nuevos elementos de la realidad cambiante para idear nuevas maneras de vivir, nuevas maneras de intervenir en el paisaje, con soluciones que necesariamente han de ser flexibles, económicas y sostenibles.

En ese compromiso estamos hoy los arquitectos. En repensar las cosas desde el principio, en recoger los mensajes que la sociedad transmite, en readaptar las soluciones que ya no sirven, en re-evolucionar todo lo que se ha demostrado caduco y sin sentido.

Y, sin embargo, este inmenso esfuerzo, que nos consta está siendo realizado por un gran número de profesionales que se enfrentan a una falta de trabajo sin precedentes, está siendo desoído y desconsiderado por un mundo político y administrativo, que parece más preocupado por sus propios problemas internos que por ofrecer soluciones a los ciudadanos.

En el año 2009 hubo en Navarra 41 concursos de arquitectura y 16 de urbanismo: 7 promovidos por el Gobierno de Navarra, 12 por el Ayuntamiento de Pamplona y 38 por otros Ayuntamientos de la Comunidad foral, todos ellos planteados sin contraprestación económica alguna. El número de participantes fue muy variable, oscilando entre los 5 y 35 en los concursos de arquitectura y los 3 y 10 en los de urbanismo. No parece descabellado hablar de una media de 18 trabajos entregados en los concursos de arquitectura y 6 en los de urbanismo, lo que es lo mismo, un total de 738 propuestas de edificación y 96 de ordenación del territorio, realizadas sin ánimo de lucro aunque con la legítima finalidad de conseguir un trabajo inexistente en el mercado de hoy. Tan solo 57 de ellas, menos de un 7%, vieron conseguido este objetivo mientras que el resto de los equipos tuvieron que aceptar el fallo y rearmarse mental y psíquicamente para acudir a otras convocatorias nuevamente esperanzadoras.

Pero? ¿dónde está este trabajo, este inmenso esfuerzo de pensamiento que supone el presentar ideas para mejorar las escuelas de nuestros hijos, para humanizar los hospitales donde nos atenderán enfermos en el futuro, para facilitar las relaciones humanas en centros de actividades y ocio, para acomodar a las personas y familias en viviendas que les permitan una vida digna, para agrupar esas viviendas de manera razonable y sostenible, para intervenir en el paisaje sin dañarlo sino mejorándolo?

¿Alguien lo conoce? ¿Alguien lo ha visto? Nos tememos que la respuesta es: nadie. Ni siquiera los propios concursantes que frecuentemente vemos rechazada nuestra petición de conocer los trabajos con la ridícula excusa de que “son propiedad de los autores”. Sospechamos que, en la mayor parte de los casos, han ido directamente a la destructora recibiendo el mismo trato que la publicidad de los buzones. Y nos preguntamos si nuestra sociedad puede permitirse el lujo de tirar este trabajo, de ningunear estas ideas, de desperdiciar este talento. ¿O es que sólo vale aquello a lo que convenimos otorgarle un precio y, por tanto, lo gratuito no merece ninguna consideración?

Antes, no hace mucho tiempo, las propuestas de un concurso eran públicas, se exponían y daban lugar a discusiones y debates en la ciudad. Ocurría, a veces, que incluso proyectos no ganadores tenían más influencia en el futuro que los construidos. Curiosamente, existía una transparencia que, desde luego, nunca molestaba a los autores que aportaban generosamente sus ideas y que podían preservarlas en el anonimato si así lo hacían constar expresamente en la entrega. Normalmente nadie lo hacía.

Alguien debería reflexionar sobre todo esto porque los concursantes, con todo el derecho que nos da nuestra participación altruista, exigimos que así se haga y demandamos que nuestras ideas sean conocidas por la ciudadanía aunque no tengan la fortuna de resultar ganadoras.

Más información en COAVN.

Foto: Diario de Navarra


29.04.2010

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