Green 1/2013
Actualmente, en todos los países de Europa – y especialmente en Alemania- las fuentes de energía y el patrimonio edificado existente se encuentran inciertos frente a un cambio histórico. Muchos se sienten desbordados por el paso del tiempo, y especialmente, cada vez con más frecuencia, avasallados también por el debate acerca de los contratiempos –percibidos o reales– sobre el cambio climático. Exagerados o no, ya son habituales algunos de las siguientes opiniones y puntos de vista. ¿Rehabilitación energética? Cuesta más y el retorno es menor que el calculado. ¿Sistema laminado de aislamiento por el exterior? Un absurdo estético y el residuo para las generaciones del futuro. ¿Ventanas estancas al aire? Una de las principales causas del moho en las viviendas. ¿Energía fotovoltaica y eólica? Una plaga para las ciudades y para el paisaje.
Lo que en un principio, a veces comprensiblemente, resultaba ser inseguridad de cara a las nuevas tecnologías ha pasado a convertirse, incluso en el caso de los estudios de arquitectura de renombre, en aversión, bloqueo y nostálgica vuelta atrás. “Antes ya funcionaba”, se oye frecuentemente. “Sin aislamiento, sin ventanas herméticas, sin esos horribles paneles solares…”. Con este panorama, las nuevas tecnologías se observan generalmente con cierto escepticismo, porque no se entienden.
En estado puro estos objetores del futuro son, en la norma, raros, pero siempre encontramos algo de ellos en la mayoría de nosotros. Decididamente velamos por cualquier cambio en la imagen urbana y en el paisaje, sin recapacitar sobre las consecuencias que generaría nuestra inacción. Muy probablemente se dará un calentamiento global de 3, 4 o 5 grados, previsible hacia el final del presente siglo según numerosos investigadores, dejando una importante huella en cualquier ciudad y en toda la tierra en general. No se resolverá el problema con la construcción de un par de diques. Esto alteraría la flora y la fauna, el nivel freático, los métodos de cultivo de la agricultura, la rutina diaria de la gente y mucho más.
El cambio que hace falta ahora necesita sentido de proporción y, además, ser realizado con perspectiva. Incluso aunque el propio término “sentido de proporción” se utilice como pretexto para retrasar la necesidad, ocultar hechos o trapichear con la responsabilidad culpando a los otros. ¿Quién no ha oído argumentos tan rotundos como éste? "Es absurdo aislar una fachada mientras el pueblo chino siga construyendo dos nuevas plantas de energía de carbón cada semana”.
Necesitamos un debate más creativo con lo nuevo, en lugar de bloquear el cambio. Más planificación para el futuro, con toda la incertidumbre que ello conlleva, en lugar de una mirada nostálgica hacia atrás. Además, el conocimiento de los hechos es el mejor antídoto contra la inseguridad. Con esta premisa, esperamos que la información que hemos recopilado en la nueva edición de DETAIL Green pueda contribuir a resolver numerosas dudas.
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